domingo, 17 de enero de 2010

Vislumbrando lo pequeño coordinado y cooperando: veremos lo más grande.



Las pymes coordinadas, cooperando y comercializando sus productos en común frente al mundo, son la más grande de las empresas.

Debemos trastocar nuestro concepto de competitividad; debemos colaborar con los próximos a nuestro valle y competir por nuestros productos en los lejanos continentes. Porque no es cierto que lo que es bueno para lo local sea bueno para lo regional, sino todo lo contrario: lo que es bueno para el mundo, será bueno y provechoso para Europa, Iberia, España, Asturias, nuestro valle y, por ende, nosotros. Salvador de Madariaga decía que: “cuando un asturiano pide, nunca pide para sí”. ¿Vamos a dejarle mal? El suministro de ini-oina en vena que nos metieron para combatirnos nos hizo mucho daño; y aún nos lo hace adictos como somos a la metadona-ayudas. Si bien Jovellanos apostó y nos metió en la industria con el carbón y la formación profesional, ahora, viendo que el carbón necesita ayudas para ser competitivo y que el acero se va por barrios chinos y orientales, deberíamos volver a la aldea perdida para recuperarla como industria alimentaria del siglo XXI (y a la selvicultura de manzanos, castaños...). Toda una jardinería cuidadosa de nuestros valles respetuosa con su naturaleza. Unos valles que por su atractivo y comunicaciones de todo tipo (si las logramos), atraerían a nuestros valles a empresas de diseño y de gestión por su belleza, para trabajar en islas de diseño e investigación (un equipo aquí, otro en Chile y otro en Canada). Además, nuestros productos agro-alimentarios se convertirían en una referencia mundial de calidad. Por su parte, nuestra metálica industria, realizaría: diseños e investigación, desarrollo y fabricación de equipos, máquinas y herramientas, para esa industria alimentaria o de selvicultura o de madera. Para todo ello, habría que formar y hacer confluir en nuestros valles conceptos y nuevas formas de producción basados en la coordinación en red, la cooperación, y la comercialización en común. Necesitamos comerciales que se pongan el mundo por montera y vendan nuestros productos fuera; pero, sobre todo, para orientarnos en qué cosas son las que se necesitan allá que nosotros podamos producir de forma competitiva. (Ya ha aparecido ese término que pasa desapercibido a pesar de su importancia: orientar). Debemos orientar a los profesionales a vislumbrar un itinerario profesional que mejore su profesionalidad y empleabilidad a todo lo largo de la vida, y disponer de redes tecnológicas de conocimiento que lo faciliten. Igualmente, debemos orientar a las empresas a cooperar en red para hacer negocios en los demás continentes. En este punto surge una duda: SEPEPA, IDEPA, CAMARAS y ASATA, ¿están coordinadas y cooperan, o bullen de actividad, desorientada cada entidad de las otras?

Debemos imaginar una Asturias conectada en red: mínimas empresas familiares (más bien puestos de trabajo altamente automatizados) coordinadas y desparramadas por sus valles produciendo alimentos en común de forma altamente automatizada y homologada, para comercializarlos por medio de una cooperativa o marca de referencia. Esa red de puestos de trabajo sería como una bandada de estorninos coordinados e integrados para vender al mundo unos productos alimentarios con altos criterios de producción, y etiquetados con toda la información (familia productora – valle – elementos empleados etc.) que los convierte en algo de excepcional calidad. Las familias en el campo, siempre llevaron a vender a la plaza del pueblo los excedentes de su producción propia, ahora, lo que se propone es que la red les permita trabajar coordinadas en cada casa, en cada valle, produciendo esos excedentes que antes guardaban en el hórreo o en la fresquera, y que ahora venderían en el gran mercado del mundo. Se imaginan lo que cabe en un hórreo... (y lo que cabe en un código, o chip, informando de la calidad e individualidad creativa de su producción; por ejemplo: familia Cueto, Calabrez). Hace muchos años, Fernando Martín (entonces en Trascorrales), decía en una entrevista: ...Si la sidra y su cultura hubiesen caído en otro lado: en el mundo, en vez de hamburgueserías, habría sidrerías. Pues eso... Y si hay excesos de producción, nos lo comemos o bebemos, o lo regalamos a la Cocina Económica, o a donde sea pertinente, ¡qué hay mucha hambre en el mundo! Pero difícil es comer carbón, acero, o Kw.

P.S.: Se dan cuenta de que en casi dos siglos de carbón y acero, no hemos aprendido a cooperar: ni fabricamos palas, ni picos, ni barrenas, ni... Ni diseñamos rozadoras... Tan sólo una lámpara de seguridad (Adaro) para alumbrar tamaño desierto de esta oscura realidad como el carbón o el oxidado acero. Es curioso, pero no creo que tengamos titulaciones adecuadas en nuestra Universidad (o en instituciones politécnicas) de: Montes, Veterinaria, Agrícolas, o Ganaderas... ¿Habremos quedado fuera de la aldea global definitivamente? ¿Aprenderemos a cooperar de ésta? ¿Cuál será el balance comercial entre alimentos de afuera y alimentos autóctonos en nuestro consumo?

http://sites.google.com/site/fpparaelempleo/propuestas-innovadoras/elmodelodelpensamiento

Os comento algo más allá del P.S.:
Una amiga me ha comentado: que llegó tarde con mi visión romántica; que ya no queda nadie en el campo asturiano.
Supongo que es así, pero habrá que ir reconquistando y estableciendo modelos. Se imaginan a una licenciada en musicología que pretende ir a una casa de campo en alquiler mientras prepara unas investigaciones y unas composiciones musicales; y que con el alquiler de la casa va incluida una habitación donde puede trabajar elaborando productos para una cooperativa alimentaria (la propietaria de la casa), con lo cual a parte de inquilina se ha convertido en empleada para poder pagar el alquiler o contribuir a ello (según su producción). Sí, significa trabajo y horas, pero no tiene a donde ir, así que hacer galletas (por ejemplo) o envasar fabes al vacío, es un buen sistema mientras realiza concentrada, y en la tranquilidad del campo, su propio trabajo musical.
Como se ve, no soy exactamente un romántico, soy mucho más que eso: soy un imaginativo.

Ha pasado el tiempo y en LA NUEVA ESPAÑA surge este artículo, del cual os brindo el enlace aquí más abajo. (Aún no sé como activar los enlaces en este blog. Lo siento. Ya sabéis: copiar y pegar)

http://www.lne.es/gijon/2010/03/09/jaime-izquierdo-civilizacion-sostenible-facebook-vaticano/883600.html

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