El Renacimiento fue posible por el flujo de información que se intercambió en el camino de Santiago. El resultado: el desarrollo tecnológico con la construcción de las catedrales y la aparición de una crisis que hizo desaparecer al sistema feudal. Ahora, la crisis de la cultura hegemónica heredera de aquel Renacimiento, se perfila como una metamorfosis que ya ha empezado. Urge una interpretación de la misma, pues todo lo que podemos decir de nuestra realidad pasada y actual es, ¡no lo es! No es como a mí me convendría que fuera, no es como debería ser, no es como me dijeron que iba a ser, no es como fue, no es como será mañana…
Lo que tenemos es el final de un sistema. La recuperación económica no está a la vuelta de las esquina: o avanzamos hacia un Renacimiento o hacia una obscura Edad Media de feudalismo y procesos del tipo «guerra de los 100 años». Porque de lo que se trata es del conocimiento.
Nuestro presente y futuro están y estarán caracterizados por dos hechos positivos que han hecho acto de presencia a escala global y que sólo están comenzando:
a) La automatización de los procesos, junto a las no automatizadas autorrealizaciones personales como son: habilidades artesanales, creatividad, imaginación, intuición, y…
b) La facilidad de la información y la interrelación de las ideas por medio de las TICs.
También han hecho acto de presencia las consecuencias negativas:
1) La destrucción de los empleos con la sobre-explotación de los existentes. (Provocando enriquecimiento en los que quedan dentro del sistema y empobrecimiento en los que se descuelgan.)
2) La compulsión de un consumismo que principalmente satisface necesidades superfluas.
3) La manipulación informativa que, con el humanismo marginado, facilita un ciego hedonismo.
Éstos asuntos y sus consecuencias negativas, nos arrastrarán al colapso sino procuramos un cambio del sistema. Veamos: el planeta se constipa y su sistema inmunológico puede tratarnos como a un virus eliminándonos; mientras, la Kultur hegemónica tiene índices de natalidad ridículos. Todo esto, que ya es de por sí suficiente, es descaradamente un sin sentido contra natura que nos colapsa, ¿asumiremos la realidad o seguiremos creyéndonos dioses?
La solución está en un renacimiento (como aquel Renacimiento) bajo dos aspectos:
- La HIBRIDACIÓN: el desarrollo de las difusas fronteras, procurando la articulación entre conceptos. (No se trata de eliminar la pureza, sino de dar cabida a su hibridación.)
- El desarrollo de la LIBERTAD: cambiando el dirigismo feudal de la partidocracia actual, por nuevas catedrales democráticas: listas abiertas y una mayor Europa de los ciudadanos.
La vieja tendencia del [y= A] como pureza del igualitarismo, y la conservadora ley de [y= k*x] deben ser sustituidas por su hibridación [y= A + k*x] como modelo para todo. La propiedad no es una ley natural, y el ego que la alimenta no es real; a lo sumo la propiedad es un derecho de uso para la «familia», una forma de acumular los resultados en el tiempo, como herencia para las generaciones venideras. Pero la más importante de todas las herencias no es la de cuestiones materiales, sino la del conocimiento: ignorantes llegamos al mundo, e híbridos de sabiduría de vida e ignorancia de muerte nos marchamos. (En los últimos años, hemos desperdiciado herencia material y dejado el desarrollo del pensamiento bastante bajo en España). Creo en un futuro bajo el modelo [y= A + k*x] (donde [A] será el término independiente de una renta básica universal individual en el ámbito familiar y [K*x] el término dependiente de la productividad) no como algo superador de una «lucha de clases», sino como concepto emprendedor y dinamizador que nos permita afrontar y resolver los retos del egoísta presente en busca de una comunidad con futuro. Porque yo también creo en la esperanza.
P.S.: Ha muerto José María Diez-Alegría. No sé si dijo aquello de: «si el socialismo no existiese, debería inventarlo el cristianismo» (emulando al volteriano: «si Dios no existiese habría que inventarlo») pero bien podría haberlo dicho. Quizás sea la hora de un cristianismo jesuánico (como ejemplarizó J. M. Diez-Alegría) a modo de interpretación de la realidad para el futuro.
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