sábado, 26 de junio de 2010

Vigilancia y prospectiva


En ocasiones el único recurso que queda es la provocación. La performance es en ocasiones un buen medio, otras el happening, y, a veces, la pura y simple incorrección. En la «sala 1» del Antiguo Instituto de Gijón se expone «Proxy» de Andy Gracie. En ella dos robots están orientados a buscar cada uno un distinto organismo, de forma totalmente automática. Lo hacen por medio del análisis microscópico de unas preparaciones realizadas a partir de una muestra extraída de los Picos de Europa. Se vigilan entre sí, y son vigilados por el público.

Adam Schaff, ya hace demasiados años, proclamó que el obrero estaba muerto; pero ríete tú de la imaginación cuando hubo quien pensó que el móvil era un trasto inútil. El caso es que cada día la imaginación se ríe más de nosotros. Mientras, todo es gestión variopinta a nuestro lado: de calidad, de competencias, de esto, de aquello, de lo otro, de los otros, de la vigilancia... Sin embargo la gestión se automatiza: ¿Morirá también el gestor? Quien compra por X€ e inmediatamente lo vende por 2X€ merece desaparecer de forma automática. Y es que la automatización también permite que el productor nos ponga la leche en el mercado con máquinas expendedoras automatizadas. ¿Será posible la revolución imposible? Supongamos una renta básica universal que anule cualquier otro tipo de ayuda incluido el subsidio de desempleo, si además la orientación y la vigilancia del empleo están totalmente automatizadas en la web: ¿qué ocurriría...? Personalmente prefiero que los bancos y las entidades financieras abran todas las tardes y tengan en su oficina gente suficiente para que me pueda atender usando sus automatizados medios de gestión mientras charla conmigo.

Imagínense esta historia: Un producto (un cepillo de dientes por ejemplo) es producido por tres empresas distintas originando tres cepillos de dientes diferentes. La empresa [A] automatiza y aumenta la producción reduciendo precios y personal. [B], vigilante, ya tiene dispuesto, a salir al mercado, un nuevo producto aún mejor realizado por un proceso totalmente automatizado reduciendo el coste de producción a unos niveles que permiten un precio en el mercado increíble. A la vez, aumentan el margen de beneficios espectacularmente al reducir el personal a prácticamente los gestores. La empresa [C], desprevenida, despide a todo su personal y cierra. Resultado: más y excelentes cepillos de dientes para todo el mundo. Los propietarios y gestores de los procesos automatizados aumentan sus ingresos y se hacen más ricos, el personal productivo ha quedado sin empleo, tan sólo quedan los gestores vigilantes e intentando adaptarse a las novedades tecnológicas y a las tendencias de los escasos clientes que van quedando a causa de la crisis y los despidos. La gestión y la toma de decisiones (como el despido) está cada vez más automatizada, de tal forma que, los gestores, están ya siendo despedidos. Cualquier día, el empresario recibirá de forma automática la carta de despido del empleo de máximo responsable de su empresa. Firmada por Hal <9000> (espero que haya dejado una puerta de atrás para entrar). ¿Qué empleos se necesitan para anticipar esto y triunfar? Mentes creativas y divergentes, absolutamente desprovistas de la corrección política de esa vaca sagrada que es el mercado pero sin deshacerse de él: la hibridación es la respuesta. Justo lo que hemos y estamos generando en España. Porque para corrección política está esta otra: La secretaria de Empleo advierte de que habrá que trabajar «con más intensidad e implicación». Toda una actitud conservadora ante la incapacidad de imaginar un mundo de otra manera. La responsable de buscarle trabajo a casi 5 millones de personas nos dice que, los que quedan trabajando, deben realizar un mayor esfuerzo con menos retribución para poder competir con los robots (esclavos metálicos) o con los esclavos (de músculo y neurona). Pues eso de repartir empleo, esfuerzo, y riqueza, no se contempla. ¿Estará España formada y preparada para competir con la empresa [D] que está a punto de desbancar a la [B] con una nueva técnica de higiene dental, o, como esclavos, realizaremos artesanalmente «palillos de dientes» para sobrevivir? Bueno, siempre habrá un plan B: «Si los que más tienen no reparten, habrá que quitárselo, y esto no es una blasfemia», nos propone el padre Ángel.

Prospectiva: El mundo está loco. Y, como todos los locos, es el último en enterarse.

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