lunes, 28 de junio de 2010

La luz de la imaginación alumbró a Diógenes en su búsqueda.



Cualquier cosa que se pueda decir que una cosa es, ¡no lo es!

(Korzyski)



No es como a mí me convendría que sea.
No es como debería ser.
No es como me dijeron que iba a ser.
No es como fue.
No es como será mañana.

sábado, 26 de junio de 2010

Vigilancia y prospectiva


En ocasiones el único recurso que queda es la provocación. La performance es en ocasiones un buen medio, otras el happening, y, a veces, la pura y simple incorrección. En la «sala 1» del Antiguo Instituto de Gijón se expone «Proxy» de Andy Gracie. En ella dos robots están orientados a buscar cada uno un distinto organismo, de forma totalmente automática. Lo hacen por medio del análisis microscópico de unas preparaciones realizadas a partir de una muestra extraída de los Picos de Europa. Se vigilan entre sí, y son vigilados por el público.

Adam Schaff, ya hace demasiados años, proclamó que el obrero estaba muerto; pero ríete tú de la imaginación cuando hubo quien pensó que el móvil era un trasto inútil. El caso es que cada día la imaginación se ríe más de nosotros. Mientras, todo es gestión variopinta a nuestro lado: de calidad, de competencias, de esto, de aquello, de lo otro, de los otros, de la vigilancia... Sin embargo la gestión se automatiza: ¿Morirá también el gestor? Quien compra por X€ e inmediatamente lo vende por 2X€ merece desaparecer de forma automática. Y es que la automatización también permite que el productor nos ponga la leche en el mercado con máquinas expendedoras automatizadas. ¿Será posible la revolución imposible? Supongamos una renta básica universal que anule cualquier otro tipo de ayuda incluido el subsidio de desempleo, si además la orientación y la vigilancia del empleo están totalmente automatizadas en la web: ¿qué ocurriría...? Personalmente prefiero que los bancos y las entidades financieras abran todas las tardes y tengan en su oficina gente suficiente para que me pueda atender usando sus automatizados medios de gestión mientras charla conmigo.

Imagínense esta historia: Un producto (un cepillo de dientes por ejemplo) es producido por tres empresas distintas originando tres cepillos de dientes diferentes. La empresa [A] automatiza y aumenta la producción reduciendo precios y personal. [B], vigilante, ya tiene dispuesto, a salir al mercado, un nuevo producto aún mejor realizado por un proceso totalmente automatizado reduciendo el coste de producción a unos niveles que permiten un precio en el mercado increíble. A la vez, aumentan el margen de beneficios espectacularmente al reducir el personal a prácticamente los gestores. La empresa [C], desprevenida, despide a todo su personal y cierra. Resultado: más y excelentes cepillos de dientes para todo el mundo. Los propietarios y gestores de los procesos automatizados aumentan sus ingresos y se hacen más ricos, el personal productivo ha quedado sin empleo, tan sólo quedan los gestores vigilantes e intentando adaptarse a las novedades tecnológicas y a las tendencias de los escasos clientes que van quedando a causa de la crisis y los despidos. La gestión y la toma de decisiones (como el despido) está cada vez más automatizada, de tal forma que, los gestores, están ya siendo despedidos. Cualquier día, el empresario recibirá de forma automática la carta de despido del empleo de máximo responsable de su empresa. Firmada por Hal <9000> (espero que haya dejado una puerta de atrás para entrar). ¿Qué empleos se necesitan para anticipar esto y triunfar? Mentes creativas y divergentes, absolutamente desprovistas de la corrección política de esa vaca sagrada que es el mercado pero sin deshacerse de él: la hibridación es la respuesta. Justo lo que hemos y estamos generando en España. Porque para corrección política está esta otra: La secretaria de Empleo advierte de que habrá que trabajar «con más intensidad e implicación». Toda una actitud conservadora ante la incapacidad de imaginar un mundo de otra manera. La responsable de buscarle trabajo a casi 5 millones de personas nos dice que, los que quedan trabajando, deben realizar un mayor esfuerzo con menos retribución para poder competir con los robots (esclavos metálicos) o con los esclavos (de músculo y neurona). Pues eso de repartir empleo, esfuerzo, y riqueza, no se contempla. ¿Estará España formada y preparada para competir con la empresa [D] que está a punto de desbancar a la [B] con una nueva técnica de higiene dental, o, como esclavos, realizaremos artesanalmente «palillos de dientes» para sobrevivir? Bueno, siempre habrá un plan B: «Si los que más tienen no reparten, habrá que quitárselo, y esto no es una blasfemia», nos propone el padre Ángel.

Prospectiva: El mundo está loco. Y, como todos los locos, es el último en enterarse.

domingo, 20 de junio de 2010

España y Europa, y la Roja; no lo logran.



Una Suiza feliz impidió que la Roja lo lograra. La percepción ambiental es que la necesaria gestalt triunfadora no se consiguió. Alguien me podrá decir que la Roja se mostró como un equipo muy superior a la suma de sus partes, pero la realidad era que, quienes tenían controlado, no ya el balón, sino el juego y el partido, eran los otros.

En el caso de Europa, ni tan siquiera se busca esa situación gestáltica triunfadora que nos permita percibirla como un todo superior a las partes. Han pasado muchos años desde el discurso de W. Churchill en la Universidad de Zúrich en 1946: “Existe un remedio que, si fuese adoptado global y espontáneamente por la mayoría de los pueblos de los numerosos países, podría, como por un milagro, transformar por completo la situación, y hacer de toda Europa, o de la mayor parte de ella, tan libre y feliz como la Suiza de nuestros días”. Ese remedio es el sueño de unos Estados Unidos de Europa. Un sueño que, sesenta y cuatro años después, aún continua durmiendo, pasándose la pelota de presidencia en presidencia sin ánimo de convertirse en una realidad: la realidad de una UE capaz de hablar con una sola voz. Pero nada de eso se ha logrado como debiera. Una Babel de voces acaba haciéndonos percibir Europa como una no-gestalt, como una suma de naciones que no llega a ser superior a sus partes. La auténtica gestalt de los ciudadanos: una sola voz, una sola nación, un solo pueblo; no llega. O la conseguimos, o soñamos una pesadilla. Porque ya empiezan a escasear las oportunidades.

¡Y qué decir de España! Con nuestra clásica percepción objetual de sus partes, olvidando la percepción holística del todo. España, que partía siendo la nación más antigua de Europa hablando una sola voz en español, está descompuesta en sus partes con el gasto nada simbólico de la traducción simultanea en su Senado. Todo porque somos incapaces de, tras la necesaria diferenciación, integrarnos en una gestalt para ser algo más que la suma de todos esos ciudadanos angustiados y oprimidos que somos ahora. No nos queda tiempo. Reforma de la Ley electoral ¡ya! (listas abiertas, e igualdad de voto y hasta fiscal). La libertad en el ciudadano: él decide (ninguna subvención más a empresas, cámaras de comercio, patronal y sindicatos..., y ¡fuera con los centros colaboradores! Si son necesarios cómprense, aprópiense de ellos, o hagan otros nuevos-). ¿El dinero de esas colaboraciones y pagos? Decide el ciudadano a quien darlo al comprar los servicios a empresas e instituciones privadas si así lo desea; luego se fijaría una cantidad deducible en IRPF por cada acción educativa o formativa, o por cada seguro sanitario, o por cada cuota sindical etc. que hubiese abonado por tales servicios de forma privada sin recurrir a servicios públicos. A partir de ahí, es cuando tiene sentido, ¡y mucho!, el defender unos servicios públicos eficaces y de calidad. Para completar esta libertad sería necesario un cierto grado más de igualdad: un ingreso ciudadano (IC) o renta básica universal (RB). ¿Qué tal empezar por 14 pagas al año de 50 € por persona (estamos en crisis), a figurar como ingresos en la declaración de la renta y luego la misma cantidad se descontaría al resultado final de la misma? Con posterioridad se iría subiendo este salario a la vez que se reducen, o no, los salarios de la actividad laboral con el fin de buscar esa competitividad que se pretende mientras se suben los impuestos en el IRPF y el IVA. En definitiva: potenciar la libertad del individuo, y a la vez dar confianza y reducir angustia con la RB mientras se busca la productividad por otros medios. En este sentido se apostaría por: la automatización de los procesos, la educación, la conciliación de la jornada laboral y familiar, la natalidad, la permuta reduciendo jornada laboral por formación permanente y generando empleo en alternancia etc. Porque nadie puede estar parado, ni angustiado; el trabajo debe repartirse y el conocimiento y la riqueza también. Así seriamos una gestalt con liderazgos dinámicos, una gestalt flexible y adaptativa. Además, con la RB como modelo, en épocas como la actual en las que los países del euro no pueden devaluar su moneda, sí se podría actuar sobre esa RB reduciéndola para ganar en competitividad. ¿Por qué no empezar con el modelo? Si quieren bájenla a 10 €, o, la tan traída rebaja salarial que dicen debe hacerse, háganla a cuenta del establecimiento del modelo de la RB a partir de la declaración de la renta del próximo año. Pero aplíquese el modelo y elimínense las colaboraciones del Estado a empresas o entidades privadas y, si son necesarias, hágalas la propia Administración.

Y es que la Roja, toda una ideología, ha perdido todo un partido histórico ante los felices poseedores de paraísos fiscales donde, los que pueden, guardan bien su poder.

domingo, 13 de junio de 2010

I can't get no… Despreocupación.



Huelgan las huelgas. No tenemos imaginación para evitar lo que nos viene: “La realidad no es inmutable, hay que imaginar el mundo de otra manera” [Amin Maalouf]. Imagino una música de fondo con la inconfundible voz de ‘Mick’ Jagger en un I can't get no… que acongoja ante tanta satisfacción sindical y política con la que se ignoró lo que era previsible hace décadas, cuando se creyó en paraísos naturales especulativos y no en el esfuerzo productivo, mientras otros países menos naturales se esforzaban en producir. No podemos creernos que ‘siempre’ la verdad está de nuestro campo y que ‘nunca’ se puede imaginar que el otro no pueda llegar a ser tú, en esta dinámica global que busca democratizarse. Por eso, lo más que se puede decir de algunos que dicen ser, es que no lo son. Pues siempre existen otros que van ganando en problemas a resolver, mientras los que ‘no son’, nunca creen tener problemas. Pero (como dijo M. Kendig) 'siempre' y 'nunca' son dos palabras de las que uno siempre debería recordar no utilizar nunca.

¿Debemos despreocuparnos y esperar que empiece a llover para arriba? Nada puede ser lo que era y, lo que era, era absurdo. Lo que debemos esperar es que continúe lloviendo bajo esos paraguas que nada protegen ya (ni protegieron, ni parece que estén aprendiendo a hacerlo) a los trabajadores de esta tormenta que nos va a dejar sin la seguridad social, inundados, empapados, con problemas respiratorios y sin salud.

Si bien una huelga general es el recurso de los trabajadores para decirle a un gobierno: ¡eh! ¡Así que trabaje Rita! En estas circunstancias, y por las medidas que se están empezando a tomar ahora, no la creo necesaria. Se deben imaginar otras posibilidades: ¿qué tal si en lugar de la huelga general se promueve un apoyo general al Estado para que dé garantías a esos trabajadores de los que prescinden los amordazados emprendedores, concretándose en un ingreso al INEM (SPEE) de lo ganado en una jornada de huelga de celo en el puesto de trabajo? Sería una autoridad ética que parece no se desea tener. La huelga general en época de vacas gordas para aumentar los ingresos de los trabajadores ¡sí! Pero nadie pensó en eso entonces. Y digo que se aporte a una cuenta del INEM, porque supongo que algunos lo preferirán a la otra posibilidad de que se haga tal aportación a una organización sin ánimo de lucro como Caritas. Aunque, tal y como defienden los sindicatos la función de sus centros colaboradores y sus empresas sin ánimo de lucro, igual imaginaron un cambio en el mundo a otra manera, y resulta que debemos dar la recaudación de ese día de trabajo a Caritas. Ese día, los empleados de la banca tendrían las oficinas abiertas todo el día; aunque, bien pensado, los bancos deberían tener las oficinas abiertas todos los días, mañana y tarde, para generar empleos y dar servicios y no esas prejubilaciones multimilmillonarias; pero parece ser que esas batallas sindicales ya hace tiempo que se perdieron. “La culpa es de los trabajadores por tener los sindicatos que tienen” [Gustavo Bueno]. Unos sindicatos que deben aprender que los procesos automáticos son para otra cosa bien distinta que para dar prejubilaciones con perdidas de empleos y sustituciones por jóvenes con menos sueldo, más jornada laboral, y mejor preparados para la automatización. No se ha sabido ni se sabe gestionar sindicalmente el reparto del tiempo libre y la riqueza que generan los procesos automáticos. Ésta locura, junto con la de considerar que para el progreso y el bienestar de una familia se debe de no tener descendencia, puede llevarnos al colapso estéril de la senectud. Es necesaria otra actitud más enfocada a lo global (no existen las mismas condiciones laborales en todos los países), las importaciones de países sin derechos humanos y sin reconocimientos sindicales deberían sólo ser posibles con una especie de IVA que repercuta en ellas. Es un sin sentido que el libre mercado esté contra la libertad de esos países a poder imaginar una realidad de otra manera. Pero mientras sea buena la situación para mí aquí; ¿el prójimo?, ¡ése! Para Caritas. Una Caritas tan global que, cuando lo de Haití, no tuvo que ir, ya estaba allí.

Otros sindicatos son posibles (centrados en una lucha más global y específica, empezando por las abandonadas pymes y su singularidad, llegando a acuerdos específicos en ellas); unos sindicatos que no intenten suplantar al Estado (sino que defiendan que el Estado sea quien realice las funciones encaminadas al estado del bienestar por medio de sus funcionarios; reconociendo que ellos no son funcionarios); unos sindicatos independientes que vivan de sus cuotas de afiliación esforzándose en hacer afiliación y ser competitivos en su labor (porque la única aportación que haría el Estado a los sindicatos, sería fijar una cantidad como deducción neta por cuota sindical en la declaración a Hacienda de aquellos trabajadores que justifiquen su filiación, nunca subvencionar directamente sindicatos afines); pues bien, esos otros sindicatos, no existen. Hemos hecho Historia y totalitarismo y… ¿Ahora qué hacemos? Pues imaginar el mundo de otra manera.

domingo, 6 de junio de 2010

El obrero sin empleo

Fotografía de Adam Schaff en 1980 en Austria


«¡El obrero ha muerto!». Lo dijo Adam Schaff en los ‘Encuentros Socialistas de Javea’ en el año 1987. El filósofo polaco, miembro del club de Roma, indicó que el marxismo estaba más vivo que nunca, pero auguraba un futuro sin clase obrera y marcado por el paro. Añadiendo: «El trabajo va a cambiar radicalmente. La automatización de procesos y la robotización van a cambiar la vida humana. El trabajo humano en el sentido tradicional va a desaparecer. Yo afirmo que la clase obrera, tal como la conocemos ahora, desaparece. ¡Sí! En 30 ó 40 años todo será diferente». Y se marchó enfadado de los encuentros: «son incapaces de comprender el proceso de cambio en la vida humana en el que ya estamos metidos». Ahora, 25 años después, aún no se lo creen ni teniendo delante a 5 millones de parados.

Los países con grandes procesos de automatización están más o menos a salvo al poseer los medios de producción necesarios para mantener su nivel de industrialización y estar arriba, en esa especie de autarquía desde donde procuran pasar empleo al sector servicios para compensar su perdida por la automatización de procesos. Pero se enfrentan en el propio sector servicios a la automatización, lo que hace que la generación de empleo se esté también deteniendo. ¿Hacia donde dirigir el empleo entonces? No se sabe y urge un cambio de sistema. Intuyo que debemos dirigirnos hacia la creatividad y la supervisión, buscando un aumento de servicios personales ligados a la formación y la cultura, así como al ocio. Debemos buscar respuestas y no ocultar la verdad, pero sobre todo, procurar que la actividad expansiva no se detenga y se colapse. También debemos buscar que esa actividad se dirija a asuntos más solidarios con la Humanidad que hasta ahora, realizando para ello un mejor reparto de la riqueza como podría ser bajo la forma de un salario básico universal compensando la necesaria flexibilidad en el empleo.

Los países emergentes, a través de las nuevas formas tecnológicas de automatización de procesos, con la democratización de las posibilidades emprendedoras y con menos necesidades en el reparto de la riqueza que generan (bajos salarios, con acusadas diferencias sociales), se hacen competitivos en el mercado global por medio de las redes de comunicación, manteniendo a su vez actividades manufactureras de bajo costo. De esta forma, ofertan ya productos transformados y no solo materias primas. (Ese es el caso de Brasil, India, China y demás). Por el contrario, los países que sólo ofertan materias primas (como pueda ser el petróleo) acaban con sus sistemas productivos corruptos al basar el reparto de su riqueza en otros planteamientos distintos de la expansión y el progreso, o, simplemente, en la no existencia de tal reparto. (Este podría ser el caso Venezuela, Guinea Ecuatorial, Congo...). Estos países se estabilizarán en el subdesarrollo con grandes núcleos de pobreza, cuando no de violencia.

España, a pesar de su industria, no ha tenido cuidado y está rozando caer en este último caso. Pues varias regiones españolas explotaban una mina de petróleo basada en la especulación de los pisos que construían y ofrecían a un valor desmesurado. La construcción empleaba en esas regiones gran cantidad de mano de obra y emigrantes, permitiendo hacer creer que el obrero tenía futuro. Ahora España sufre un alucinante parón de empleos y está endeudándose con la compra al exterior de productos que no produce (ni de forma manufacturera, ni por medio de robots), acostumbrada a comportarse como si fuera rica, no ha querido progresar en la FP permanente, ni invertir para el futuro con gente preparada y creativa en procesos de automatización. Todavía hay quien cree que se puede seguir así, como si nuestra mina de la construcción no se hubiese agotado. (En Asturias tenemos el caso paradigmático de las minas de carbón). Encima de vivir engañados, creemos que podemos seguir engañando sobre nuestra capacidad productiva, una capacidad que, si existiese, carente de altos procesos de automatización, debería basarse en los bajos salarios. Además, ahora, Europa mirará al euro y a tanta mentira que le rodea, después de Grecia y Hungría. Para colmo, en este panorama, nuestros sindicatos, anclados en el siglo XIX, creen en las Huelgas Generales que lo único para que sirven es para perjudicar más a los trabajadores al conseguir con ellas que otro país, y otros robots, que no se han puesto de huelga, vendan los productos que nosotros dejamos de producir birlándonos incluso el mercado.

Qué tal si en lugar de la huelga general hacemos un ingreso general a una cuenta del INEM por el importe de un día de trabajo poniendo como comentario: «Huelga General en nombre del sindicato: xxx». ¿Por qué no...? Supongo que deberá existir solidaridad con los parados, ¿o no?