Él era un habitante de los bosques de aquella tierra, y su pasión era interpretar las posibilidades y la evolución de los mismos; él era su cartógrafo por dedicación. Quizás porque siempre se estaba golpeando contra los árboles, pues le costaba verlos. Algunos le decían hipermiope, él decía que lo que ocurría era que había nacido con una especie de prismáticos colocados permanentemente sobre sus huesos supraorbitales sin que tuviera ocasión de quitárselos. Sabía, y se daba cuenta, que entre los habitantes de aquel claro del bosque no había nadie a quien le preocupase lo que el bosque tenía que decirles, a pesar de que ellos sí veían y percibían muy bien los árboles. Por eso se burlaban de él cuando al adentrarse en el bosque, casi a palpo, iba tropezando con las ramas. También sabía, que muchos de los golpes que recibía en sus hombros cuando iniciaba esas exploraciones, no eran precisamente producidos por el ramaje; pero ya no le importaba. Observaba las copas de los árboles más lejanos y, como un murmullo, le llegaba lo que se decían unos a otros. Escuchaba atentamente, y creía comprender. Volaba con los halcones, como si volara cometas en el viento; analizaba los movimientos de sus alas y sus pequeños giros de cabeza, e intuía lo que veían sus ojos; como si fueran cámaras que le retransmitieran la señal.
Hacía ya tiempo que el regreso de los nuevos brujos había hecho cambios en el claro. Las viejas semillas industriales empezaron a producir menos agostadas por su falta de selección a la hora de la siembra (los mejores granos eran para comer a lo grande y no para sembrar de cara al futuro); y se decidió que había que cambiar, pero, en lugar de sembrar nuevas semillas buscadas en el bosque con el esfuerzo y la formación de los conocimientos, lo que hicieron fue convencer a todo el mundo para que creyesen que con las ayudas comunitarias, a modo de abono, cualquier semilla daría fruto y los alimentaría. Así que... se dedicaron a la cómoda siembra de la semilla del paraíso natural: la indolencia como gran recurso emprendedor y la subvención de los fondos europeos como motor financiero. Y lo hicieron con gran despliegue de afirmaciones de lo bien que les estaban yendo las cosas; y de especulaciones de lo bien que les iba a ir en el futuro. El bosque, sin embargo, mostraba y decía a quién quisiera escucharle que otros claros eran posibles si se sembraban nuevas semilla abonadas correctamente con las ayudas comunitarias de la formación y el conocimiento. Semillas que, con esfuerzo, serían capaces de alimentar al futuro.
Había pasado tanto tiempo desde que se les advirtiera de lo obvio y de lo nefasto de esas siembras, que ahora ya sólo quedaba esperar. Y así fue: sus absurdas siembras comenzaron a mostrar su realidad con el anuncio de sus brotes verdes:
- Se apostó por el carbón como fuente y reserva energética y, para ello, se anularon las nucleares. Ahora Kyoto penaliza la generación de CO2; Polonia ya es Europa y tiene reservas de carbón para alimentarla de energía durante 300 años con unas grandes y enormes vetas; y, hasta James Lovelock (antiguo opositor al uso de la energía nuclear) promueve su uso como único recurso energético, al considerar el CO2 aún más peligroso. Ante esto, subvencionando el carbón que no es rentable y habiendo hecho ya grandes, y nada éticos trasiegos, al parecer conformes a la ley, desde el Musel a la Camocha, detenidos estos y cerrada la mina de La Camocha por falta de rentabilidad, deciden instalar y subvencionar grandes parques eólicos que causen un menor impacto ambiental que el progreso; aunque, o precisamente por ello, haya que subvencionar su KW para que sea competitivo. Se busca ahorro eólico de CO2 y utilizar las abandonadas minas para capturar CO2, para así justificar seguir quemando carbón en las térmicas sin dar el brazo a torcer ¡cueste lo que cueste! Y el tendido Lada-Velilla absolutamente tendido. Pero, ¿de dónde sacar el suficiente carbón, o gas, para quemar?
- La siderurgia integral con el poder metalúrgico de apoyar alcaldes, presidentes, sueldos y prejubilaciones de 'alto coste social' y sin nada de aceros especiales, ni de transformados de alto valor añadido (cuando incluso Japón, habiendo vencido en producción de acero a occidente, ya cedía ante las emergentes China, Corea, Brasil e India con una competitividad basada en el 'bajo coste social'), aquí esa siderurgia era intocable. ¿Cómo responder a estos retos y necesidades? : 'Mantenella e no enmendalla'.
- Huyamos hacia adelante. Construyamos un Gran Musel para traer el carbón barato de Sudáfrica y de Australia; hierro de Mauritania... Convirtámonos, con la ayuda de este puerto, en la gran promesa de las viejas y agostadas semillas industriales aunque para ello tengan que subvencionarnos como a siervos limosneros. ¿Qué podemos poner como aval para tamaña empresa del Gran-Musel? Construyamos dos playas entre el puerto interior de Gijón y el Musel, una en Poniente y otra en el Arbeyal. Los terrenos que la autoridad portuaria posee allí se revalorizaron; ahora estallada la burbuja inmobiliaria y, sacrificado el naval, los terrenos valen menos. Surgidos los consabidos y acostumbrados sobre-costes en la magna obra, por alguna razón no sobradamente explicada (aunque sí documentada), Europa no quiere afrontarlos y Madrid tampoco.
Así que ahora, aquí estamos abonando semillas para cardo, con la formación profesional perdida en el bosque conceptual del aprendizaje permanentemente y ocupacional como si fuera un galimatías, como si fuese el arlequín de la Laboral con sus sorpresivos usos en danza y sin dirección escénica, pero eso sí, con su caja escénica súper dimensionada. Cualquier día Europa también opinará sobre estos sobre-costes formativos que hacen Historia. Porque, no tengan ninguna duda, hemos hecho Historia: los jóvenes se van.
El cartógrafo, declarado a extinguir, ya no se pregunta ¿cómo deberá ser este bosque?, sino que medita y se pregunta: ¿cómo sería el claro en el bosque que no pudo existir?
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